Sin duda, la tecnología ha hecho avanzar a nuestra sociedad. Los teléfonos inteligentes, las tabletas y las computadoras han hecho que las tareas sean mucho más fáciles y eficientes, y también nos han permitido comunicarnos a escala global. Sin embargo, ¿la tecnología siempre es beneficiosa? ¿Qué pasó con los días en que los niños jugaban juntos en los columpios del parque en lugar de sentarse en sus traseros jugando? Candy Crush ?



Admito que uso Internet y las redes sociales tanto como el próximo millennial, pero hay cinco razones principales por las que creo firmemente que nuestra sociedad se está deteriorando debido a la tecnología.



1. El silencio se ha vuelto inaceptable.

Los adultos jóvenes, incluido yo mismo, a menudo nos sentimos incómodos con el silencio. En lugar de sentarnos con nuestros sentimientos o arriesgarnos a tener una conversación incómoda, nos retiramos a la distracción “segura” de nuestros teléfonos celulares. En lugar de caminar por las calles con los teléfonos en los bolsillos, tenemos la nariz pegada a las pantallas, incluso cuando estamos cruzando la calle (lo cual no recomiendo por cierto).

Hay oportunidades que van desapareciendo. Hay gente a la que pasamos sin darnos cuenta. Nunca sabemos con quién podríamos encontrarnos y qué podríamos perdernos si no nos tomamos el tiempo para estar conscientes de nuestro entorno.



2. Los estudiantes carecen de la disciplina para asistir a clases de una hora.

Se ha vuelto inevitable para los estudiantes enviar mensajes de texto, Snapchat o desplazarse por Instagram y Facebook durante la clase. Nuestro intelecto y nuestras oportunidades de educarnos están disminuyendo.

Estudiar para los exámenes, sentarse en una discusión o escuchar la conferencia de un profesor coincide con la multitarea. La investigación muestra que la multitarea (en una computadora portátil) causa atención dividida y procesamiento de información fragmentado, los cuales pueden resultar en niveles de desempeño más bajos.

3. Gastamos dinero 'para la Insta'.

Pedimos alimentos de aspecto artístico, no para disfrutar el sabor, sino para publicar fotos en Instagram. Viajamos a nuevos lugares o experimentamos nuevas actividades para tomar fotos, casi como para presumir o demostrar nuestra valía a nuestros amigos. Se ha convertido en la norma gastar una cantidad excesiva de horas editando y agregando filtros a las fotos para lograr la perfección, eliminando imperfecciones, haciendo que parezcamos más delgados y modificando los colores y la saturación. Honestamente, ¿cuál es el punto?



4. La popularidad la definen los seguidores.

Los Millenial y Gen Z hemos sucumbido a las aspiraciones de las redes sociales, y las diferentes plataformas han consumido nuestras vidas con éxito. La cultura de la tecnología ha comenzado a definir nuestra autoestima por la cantidad de seguidores o “me gusta” que recibimos. Nos preocupamos profundamente por las personas específicas a las que les 'gustan' nuestras fotos y nos esforzamos por obtener el mayor número de seguidores. Determinamos los estilos, las personalidades y la 'frescura' de las personas por la forma en que se publicitan en las redes sociales y por lo hermoso que parece ser su flujo de Instagram.

5. El tiempo de calidad con los demás se ha traducido en textos y selfies.

Salir con amigos y pasar tiempo con la familia se ha transformado en una realidad virtual. A las personas ya no les resulta fácil mirar a los demás a los ojos o comunicarse cara a cara debido a la constante necesidad de fotos y actualizaciones de estado. Contacto visual se está deteriorando y la conexión íntima está decayendo. Las personas se han visto obligadas a verificar las notificaciones en sus teléfonos en el momento en que escuchan un zumbido, sin importar quién esté hablando o cuán importante sea el tema.

Ya sea cuando esté caminando a casa, escuchando una conferencia en clase o tomando un café con un amigo, intente permanecer en el momento presente absorbiendo la información que está escuchando, siendo consciente de su entorno y notando la emoción de la persona. con quien hablas. Haz algo que realmente te guste, no solo publicarlo en Snapchat. Tómate un momento cada día para guardar tu teléfono y vivir la vida real.